Todo lo que aprendí de Valbu

Hoy me toca escribir para soltar. 

Porque hoy es uno de esos días en los que me hubiese gustado que las cosas fueran diferente. 

Todos nacemos sabiendo que algún día llegará el momento. Pero a veces los momentos se precipitan antes siquiera de poder tomar aliento. 

Valbu se despidió de nosotros así, en una fracción de segundo. Pero se las apañó durante años para dejar huella, de esas que perduran con el tiempo. 

Valbu era de esas personas que te quieren bien. Que sacaba el tiempo para tenerte en su memoria, y hacértelo saber. Que se bajaba del escenario para dejártelo a ti. Especialista en aplicarle a la vida capas de barniz, hacerla brillar, y encontrar motivos para sonreír. 

Valbu era de esa clase de persona que te hablaba de las cosas con pasión. Que sus ojos se empeñaban en brillar incluso en la más absoluta oscuridad. Que creía en un mundo mejor. Que luchaba por lo que amaba con obstinación. 

Valbu era de esa clase de persona que aún sin tener nada, te lo daba todo. Que se acordaba del día de tu cumpleaños. Que veía en ti mucho más de lo que veías tú mismo. Que nunca faltaba a su palabra. Que sus abrazos curaban, y su corazón irradiaba. 

Valbu era una de esas personas que admiraba como a un padre. 

Valbu, vas a tener que perdonarme. Se nos quedó pendiente la comida. Y el viaje a Galicia. Y el innovar juntos. Y el invitarte a una de mis obras de teatro. Y el presentarte a mis futuros hijos.   

Una vez me dijiste: “Qué envidia me das, espero que estés volando y disfrutando como un pájaro”

Touché, compañero. Nosotros te observamos desde aquí abajo.

Este es el Valbu que yo conocí. 

Este es el Valbu al que voy a echar mucho de menos.

Cómo emprender cualquier proyecto (y no morir en el intento)
Cómo organizar equipos de trabajo (y no morir en el intento)
Hablando del futuro, con Roberto Canales
Estoy utilizando cookies para brindarte la mejor experiencia en mi sitio web.    Y BlaBlaBla...
Privacidad